Los tiempos son oscuros, las costumbres corruptas y hasta el derecho a la crítica, cuando no lo ahogan medidas de censura, está expuesto al furor popular.
UMBERTO ECO

2006/10/05

La XXXI Convención telefonista

Pues no, no andaba de parranda, aunque qué más quisiera... Resulta que se llevó a cabo, como ocurre cada fin de septiembre, nuestra Convención Nacional Ordinaria Democrática de Telefonistas. Mucho más ordinaria que democrática, diria yo.

A quienes vivimos las primeras convenciones, cuando el debate, el disenso y la propuesta eran comunes, estos actos rituales y acartonados en que devinieron nos dan tristeza. Es como una obra de teatro que se ha representando en demasía, con actores que ya perdieron el interés y un público que conoce cada una de las escenas y puede predecir lo que viene a continuación.

Y no debiera ser así, porque el tema central es vital para nuestra organización. Llevamos casi dos años discutiendo un Acuerdo Marco y una Carta de Intención que pretenden alentar a la empresa para que siga invirtiendo en Telmex a costa de sacrificar la jubilación y las condiciones de trabajo de las futuras generaciones de telefonistas.

En lo personal, me cuesta trabajo entender por qué habría de interesarle a Slim la jubilación de quienes habrán de irse en 31 años. Más bien me parece que le preocupa el pasivo laboral de los presentes trabajadores, muchísimos de los cuales se jubilarán dentro de los próximos cinco años.

Es ciertísimo eso de que nadie escarmienta en cabeza ajena. Vimos cómo se pasaron a torcer a los trabajadores del IMSS, a los pilotos y las sobrecargos y creemos que estamos exentos, porque lo dice nuestro líder, ese que se ha equivocado con frecuencia, ese que no movió un dedo para defender la empresa nacionalizada, ese que vive obsesionado por el poder, sumido en un mundo de paranoia y desconfianza y que se preocupa mucho más por sus intereses muy personales que los de los trabajadores que se supone representa.

Nuestra Convención es como un mini Congreso de la Unión. La mayoría de los representantes están más preocupados por su persona que por los intereses de aquellos que los enviaron. Pongamos por ejemplo a los delegados de Centrales. Su especialidad votó en contra de las modificaciones y les dió el mandato de votar en consecuencia. Sin embargo, en la votación final, la mayoría votó a favor. Como en 2008 habrá elecciones para el Comité Ejecutivo Nacional, muchos están más preocupados de conseguir un lugar, o de perdida una comisioncita sindical que en cumplir con su mandato.

Muchos otros, que vienen año con año, no quieren poner en peligro sus viáticos ni sus permisos sindicales. Otros se preocupan porque dejarían de tener el préstamo dle ahorro o el fideicomiso de la vivienda. Otros, sencillamente, porque no quieren que los malmiren sus coordinadores, que siguen con ojos de halcón cada uno de sus movimientos, que supervisan sus pláticas informales, que se fijan junto a quién se sientan y les dicen cómo y por quién tienen que votar. Las intervenciones de los opositores son recibidas con rechiflas y burlas, aunque en su fuero interno sepan que lo que dicen es verdad y hasta quisieran aplaudirles.

La Mesa de los Debates manipula cuidadosamente las listas de oradores y a quienes representan un peligro real los mandan al final del día, cuando la gente está hambrienta y desesperada y no tiene el menor interés en continuar el debate. O ponen a un opositor y a diez oficialistas. Si acaso los argumentos de la oposición llegan a calar en la gente y se nota una corriente favorable de opinión, aparece el Secretario General, ducho en al uso de instrumentos retóricos, que puede intervenir cuantas veces quiera, y que tuerce y tergiversa los argumentos, sin conceder derecho de réplica.

Vivimos hundidos en lo inmediato. Ni siquiera nos preocupa lo que ocurrirá en seis meses o un año, no digamos en cinco. Está bien que Lord Keynes decía que no hay que angustiarnos por el largo plazo, porque en el largo plazo todos vamos a estar muertos, pero esto es excesivo.

A lo hora de la votación final, en la que sólo 14 de casi mil se atrevieron a decir NO, mucho se escabulleron para no votar a favor, pero tampoco en contra. Muchos afirman estar dispuestos a dar la vida por sus retoños, sacar uñas y dientes por defenderlos. Pero a la hora de la verdad, que sólo requiere el heroísmo de enfrentarse a los demás, se pliegan a la mayoría. Así que pronto seremos uno más de los sindicatos que perdimos cuanto heredamos, por no saber defenderlo.

Y por cierto, lo que generó discusión y arrebatos pasionales fue el hecho de que nuestro insigne líder se viera, una vez más, bendecido por Fortuna y se sacara el coche que rifó nuestra Caja de Ahorro. Que su sobrino sea el Gerente, su hermana la Contralora y su hijo uno de los empleados de más rango no se consideró razón suficiente como para que se invalidara el resultado. Cuando le pidieron que lo rifara de nuevo señaló que no se podía, porque sería como rechazar su suerte.

Y eso sí mereció llamadas a las radiodifusoras, amenazas de paro, propuestas de colocar mantas... Lo dicho, vivimos en la inmediatización.

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